
Los vinos del Languedoc-Rosellón, Sud de France
Había que atreverse, hace ya treinta años, a explorar estas dos vías paralelas ya tan complementarias.Cualquier viñador puede ahora pretender la marca Sur de Francia y la región ha visto nacer la denominación genérica Languedoc, producida por el conjunto del viñedo de Languedoc-Rosellón, que va de Nimes a la frontera española. Es un viñedo de masa compuesto por haciendas con altos rendimientos y donde ha habido que cambiar las costumbres, dejar de “machacar” la viña bajando la calidad de vino producido por hectárea, para llegar al nivel de calidad alcanzado hoy en día. Una calidad impregnada de diversidad, en un territorio que cultiva vinos dulces naturales (moscateles de Frontignan, Lunel, Mireval, Saint-Jean-de-Minervois, Rivesaltes, Banyuls y Maury), efervescentes (entre los que se encuentran la Blanquette y el Crémant de Limoux) y una oferta de tintos, de blancos y rosados múltiple. Su notoriedad actual, esta tierra de viñedos se la debe a los hombres que la construyeron siendo innovadores. Es aquí donde los vinos de masa se han abalanzado sobre la calidad, donde han nacido conceptos. Vinificar la uva cepa por cepa e invitar al consumidor al descubrimiento de una syrah, de un cabernet o de un sauvignon ha sido iniciativa de la casa Skalli de Sète.
La región destinada a mutaciones no impide que sea la primera región vinícola del mundo, con un viñedo de más de 240.000 hectáreas, 24.000 viñadores, 2.500 bodegas particulares.
Desde hace cinco años, la marca “Sur de Francia” reúne bajo este estandarte el conjunto de la oferta regional, con el fin de valorizar los colores de los vinos de la región en Francia y en el extranjero. Colores tan variados como sus haciendas de esquistos que fortifican a los vinos de Saint-Chinian, de las Côtes del Rosellón y de los Coteaux de Languedoc. Tan ricos como sus regiones de piedras, llamadas grès en occitano, que hacen que los vinos de la hacienda Puech Haut sean inolvidables, incluso originarios de la denominación grès de Montpellier, ilustrada con brio por la hacienda Clavel. Esos grès característicos de las Corbières, esos vinos tintos especiados salidos de una denominación de las más grandes de Francia, entre los que se encuentran las haciendas de Lézignan, Boutenac o Lagrasse, resuenan en su favor. Y sin embargo, tras haber sufrido las políticas de recolección, la concentración de su tejido económico cooperativo, haber atendido a las ambiciones de un negocio en auge, la región se ha comprometido con la reconversión de su viñedo. El peldaño cualitativo de Languedoc-Rosellón va acompañado de una conversión de los viñadores hacia la agricultura biológica, que incluye más del 30% de sus superficies. Una región ejemplar a este título, ya que concentra más de 12.000 hectáreas de dominios convertidos y cerca de 8.000 en conversión. El éxito del domiio de Aupilhac en Montpeyroux es el mejor ejemplo de ello con los productores de vinos biológicos en movimiento, como château l’Hopistalet, château de Cazeneuve o Villa Tempora.