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La antigüedad en Languedoc-Roussillon

Un poco de historia...

Con la construcción de la Vía Domitia, los romanos crearon lo que sería la espina dorsal de la provincia. A lo largo de este eje de comunicaciones entre Hispania e Italia, surgirían postas e importantes centros urbanos...

Fundaron núcleos comerciales en Marsella, Agde y Ampurias, y negociaban con los galos de los «oppida», sencillas villas comerciales o verdaderas ciudades como Ensérune, Béziers, Cessero, Sextantio, Ambrussum, Nages y Nimes.

 Las excavaciones realizadas en el delta del río Hérault han revelado muchos tesoros, hoy expuestos en el museo del Ephèbe en Agde (Hérault), que da a conocer la historia de la navegación y el comercio de la antigüedad. En el museo podrá admirar el magnífico Ephèbe de Agde, una estatua helénica descubierta en 1964.

En el año 125 a.C., Marsella solicitó la ayuda de Roma para luchar contra los salios, pueblo indígena de la Provenza occidental. Este fue el comienzo de la inexorable conquista romana de la Galia.

 En 118 a.C., el cónsul Cnaeus Domitius Ahenobarbus fundó la colonia de Narbona y ordenó la construcción de una carretera, la Vía Domitia (Via Domiciana), sobre una antiquísima ruta (llamada la «Herculana» porque, según la tradición, fue utilizada por Hércules y también por Aníbal en sus campañas contra Roma). La provincia transalpina se convertiría en la Narbonense, que tomó el nombre de la capital en tiempos del emperador Augusto.

La conquista romana acarreó una profunda transformación del paisaje agrícola, debido a la implantación de una estricta forma de registro de la propiedad, cuya huella aún perdura en la región. Los cultivos del olivo y de la vid se extendieron rápidamente, multiplicándose los viñedos para abastecer la creciente demanda de vino.

En comparación con periodos anteriores, el entorno doméstico cambió radicalmente. Se prestó atención a la decoración (frescos, mosaicos) y los servicios (alcantarillado, calefacción) en lugares como Le Clos de la Lombarde (Narbona) y la Villa de Saint-Clément du Montmars. Las técnicas de construcción mejoraron: mortero de cal, cristal para las ventanas, uso de materiales prefabricados (baldosas, ladrillos...).

Aún pueden admirarse en la región grandes obras de ingeniería, testimonio de la maestría de los constructores romanos: el acueducto de Ansignan, el Pont du Gard, el acueducto de Gabian, el puente de Boisseron, el puente de Ambrussum, los anfiteatros de Nimes y Béziers y otras obras: el mausoleo de Lanuéjols, el trofeo de Pompeyo en Panissars, los baños termales de Balaruc-les-Bains.

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