
El lago de Salagou
El lago de Salagou, diseñado originariamente para el riego de las tierras y dominado por un soberbio paisaje de rocas rojizas (las llamadas «ruffes»), bien merece una visita. Ofrece excelentes oportunidades para la bicicleta de montaña, la pesca, la equitación el excursionismo a pie. El visitante puede detenerse en La Lieude y descubrir allí las huellas dejadas por reptiles en el suelo de arcilla hace casi 280 millones de años.
En las cercanías de las orillas rojas del lago Salagou se encuentra el Circo de Mourèze. Semeja un bosque de piedra con sus colosales columnas de piedra caliza dolomítica, que se extienden por un terreno de casi 300 hectáreas. Este inquietante paisaje surrealista es fruto de la azarosa erosión, que esculpió las rocas en forma de ruinas extrañas y objetos de apariencia orgánica. Los vestigios arqueológicos muestran que los humanos habitaron la zona desde tiempos prehistóricos (2500 a.C.). El pueblo medieval, con sus calles estrechas, la iglesia y el castillo, bien merece una visita.
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